Volumen 13 N° 1
Año 2018


Rev. Obstet. Ginecol.- Hosp. Santiago Oriente Dr. Luis Tisné Brousse. 2018; 13(1): 8-10
In Memoriam

Dr. Rafael del Río de la Torre (1926-2018)

José Lattus O.1
1Editor jefe.

Resumen

Summary

A mediados de febrero, el día 17, falleció el Dr. Rafael del Río, destacado cardiólogo quien trabajó por más de 20 años en el Centro de Referencia de Salud (CRS) Cordillera Oriente y en el Hospital Dr. Luis Tisné Brousse. Fundó el Centro de Rehabilitación Cardiovascular del CRS y durante los últimos años fue un reconocido profesor de los estudiantes de la Escuela de Medicina de la Universidad de los Andes (UANDES), en campo clínico.

El decano de la Facultad de Medicina de la UANDES, Dr. Rogelio Altuzarra recuerda que cuando se incorporó el Hospital Dr. Luis Tisné Brousse  y el CRS Cordillera como campo clínico de esa Facultad, se encontraron “con la grata sorpresa” de encontrar excelentes profesionales dispuestos a incorporarse a la docencia. Entre ellos debo destacar al Dr. Rafael del Río, eminente cardiólogo chileno que tomó con entusiasmo el desafío de contribuir a la formación de nuestros alumnos. El Dr. del Río tenía la talla de un Maestro de la Medicina: sabiduría, entusiasmo, interés verdadero por los pacientes y por los alumnos. Amor por su profesión que no dejó de ejercer hasta el final de su vida. Fue un ejemplo para todos y verdaderamente lo extrañaremos˝, señaló el Dr. Altuzarra.

A las palabras del Decano se suman las del director de la Escuela de Medicina, Dr. Gustavo Mönckeberg, quien también recuerda con admiración al Dr. del Río: ˝Lo conocí en el CRS-Cordillera de Peñalolén el año 2009, cuando en representación de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, se me encomendó la misión de organizar la docencia de pregrado de la Escuela de Medicina en este campo clínico. Sólo tengo palabras de agradecimiento, pues con su ayuda decidida y sus consejos certeros, la misión terminó siendo todo un éxito. Lo despedimos con mucha pena y lo recordaremos siempre˝.

El Dr. Mönckeberg agrega que ˝durante mi período formativo y luego en el ejercicio de la profesión médica, he tenido el gran privilegio de haber aprendido de verdaderos Maestros de la Medicina, entendiendo esto en el más amplio sentido de la palabra: académicos de excelencia, pero a la vez personas sencillas, generosas y apasionadas por el servicio a sus enfermos y la dedicación a sus alumnos˝.

Así era el Dr. Rafael del Río. Un médico de cuerpo y alma, que junto a otros colegas han marcado definitivamente a muchas generaciones de médicos chilenos, como el Dr. Arturo Jarpa, Dr. Sergio Jacobelli, Dr. Fernando Rufín y el mismo Dr. Rafael del Río, entre otros˝.

 

Pequeña biografía

 

Nació el Dr. del Río en Cauquenes, Maule el 8 de septiembre de 1926 (al ladito del cielo, decía él), en una provincia agrícola. Su padre era ingeniero, su madre dueña de casa. Ella tenía un fundo muy lindo en Cauquenes, San Esteban, donde iban todos los veranos, el fundo está ubicado en la cordillera de la costa con bajas montañas pobladas con una gran flora nativa, árboles y arbustos donde sobresalían por su corpulencia y su hermosura los robles maulinos que surtían de madera para distintos fines y con su leña fabricaban el carbón.

Se educó en el colegio San Ignacio, en la calle Alonso Ovalle donde conoció al padre Alberto Hurtado. Era el profesor de religión y consejero espiritual. Acompañaban al padre para visitar los niños que vivían bajo el puente del rio Mapocho y llevarles alimentos, ropa y cariño. Ello quedó grabado desde entonces así como su sonrisa que se veía y mostraba hasta el fondo de su alma. 

 

Recibió su título de médico el 21 de enero de 1953 en la casa central de la Universidad de Chile.  En su examen final, dada la cantidad de alumnos del  curso y por su apellido, estaba al final de la lista. Por lo tanto su horario de examen fue a las 22 hr., frente al decano y profesores de la cátedra.

 

Al salir de su examen, se encontró con una agradable sorpresa, le esperaba su tío el Dr. Sótero del Río Gundián, prestigioso médico de la época, quien le recibió con gran afecto y orgullo.  Era como un hijo para el y fue su ejemplo de vida.

 

En ese tiempo las cátedras de medicina de la Universidad de Chile tenían cargos ad honorem. Era un prestigio trabajar en ellas sin remuneración económica alguna, manifestaba el Dr. del Río, y así lo hizo.

 

Trabajó durante 40 años en el Hospital San Juan de Dios, e integrado a la docencia en la Universidad de Chile y recuerda con cariño a quien era su profesor de medicina, el Dr. Rodolfo Armas Cruz, quien formó a muchas generaciones de médicos, era un verdadero maestro. Desarrolló en alto grado las especialidades médicas, sus clases eran claras e inolvidables, bastaba leerlas en la casa para estar al día con los temas. En su catedra hubo destacados médicos como: Esteban Parrochia, Francisco Rojas Villegas, Fernando Valenzuela Ravest, Carlos Michel Bañados, Manuel Besoain Santander, Raúl Yazigi, Raúl Vásquez, Joaquín Harnecher, Augusto Spencer, y el  jefe de cardiología y hemodinamia su gran amigo el Dr. Humberto Dighero.

Siendo médicos ad honorem, para poder sobrevivir, buscaban algún trabajo remunerado que les diera un ingreso económico. Fue así como logró un cargo de médico rural en Navidad, cercana a Rapel  y otro cargo como médico domiciliario en la Clínica Santa María.

 

Estuvo becado dos años en el Instituto Nacional de Cardiología doctor Ignacio Chávez, en ciudad de México donde aprendió el manejo de las técnicas diagnósticas y terapéuticas utilizadas en esa época en cardiología y sus patologías.

 

Estuvo  un año becado en Londres, en el Instituto de Cardiología en el Saint Georges Hospital, donde tuvo el privilegio de conocer a grandes médicos de la época, como los doctores Paul Wood, Aubrey Leatham, Brigdem y otros prestigiosos cardiólogos.

 

En Estados Unidos tuvo una estadía corta, tan sólo 15 días en el servicio del doctor Robert A. Bruce, con el objetivo de conocer cómo se hacía la rehabilitación cardiaca.

 

Posteriormente se retiró de la Universidad de Chile como profesor titular de medicina y cardiología, y empezó a trabajar el día 1 de diciembre de 1996 en el CRS cordillera oriente.

 

Allí organizó el ˝Centro de Rehabilitación Cardiovascular˝, cuando terminó el acto de inauguración en presencia de ministros y autoridades del Ministerio,  descubre la placa que estaba al ingresar al centro, y se encuentra con una enorme sorpresa, el centro se denominó ˝Centro de Rehabilitación Cardiovascular Profesor Doctor Rafael del Río de la Torre˝, allí conoció a su partner y querido amigo, el cardiólogo Dr. Moisés Raúl Sued, con quien trabajó codo a codo en las patologías cardíacas del área de Peñalolén.

 

Se casó con la Sra. Gloria Donoso, tuvieron 4 hijos y  además,  11 nietos y 7 bisnietos.

 

Con el andar del tiempo y como recompensa de su trabajo y con la generosa ayuda de su esposa se compran una parcela en Calera de Tango, la eligieron al pie de un lindo cerro que tiempo atrás (ilo tempore) tenía una abundante flora nativa destacándose los boldos y maquis que hoy quedan algunos como testimonio de lo que había. Comenzaron a hacer un parque con cedros del Líbano, palmeras y un magnolio, que hoy día ya tienen 30 años, reservando un espacio para plantar frutales para su consumo, y construyeron a gusto una casa habitación, confortable, muy agradable al gusto de su esposa,  la casa quedó rodeada del bosque nativo.

 

Tenía gran interés también por los cactus suculentas, de modo que así formó un cactario, ambientado como en un terreno natural, con piedras traídas desde el cerro.

Finalmente, y como prueba de su quehacer como médico y cardiólogo, un recuerdo de un sentido homenaje a su persona, del que quedó muy sorprendido:

 


HOMENAJE AL DR. RAFAEL DEL RÍO
CENTRO DE REHABILITACIÓN
CARDIOVASCULAR
CRS CORDILLERA, FEBRERO 2012

 

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme – no hace mucho tiempo- vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Aquí en Peñalolén, en nuestro CRS cordillera, también tenemos entre nosotros a un caballero.

 

Se le nombra caballero a ese ser en peligro de extinción que es capaz de abrir la puerta del coche de una dama, es aquel que dice un bello piropo, es el que besa la mano de una chica cuando la quiere halagar, es el que abre las puertas para su paso, etc.

 

Un caballero es un hombre en toda su extensión de la palabra, cortés, respetuoso, confiable, optimista, trabajador, discreto con una leal sobriedad de la expresión y su generosidad a toda prueba.

 

Una persona que defiende sus principios, transmite valores, conocimientos, un ejemplo a seguir.

Esta convocatoria es para saludar y reconocer a una persona con estas características. 

Nos motiva reconocer en él su calidad humana, cercanía con sus colaboradores, sus ansias de enseñar y transmitir sus conocimientos, de estar siempre dispuesto a colaborar aunque sea la idea más loca de representantes de la juventud que también tenemos cerca.

 

Dado a dar las gracias permanentemente, a reconocer lo que está bien y enseñar en aquello que se hizo algo mal.

 

De mirada sabia y paciente, de ceño pronunciado cuando ya la paciencia está a punto de agotar, pero nunca una mala palabra ni un tono de voz más alto del normal.

Es así como muchos pacientes han pasado por sus consultas, para ello – su vasta experiencia en corazones con sus ruidos, ritmos alocados y los no tantos y ondas p camufladas entre otras líneas que él conoce y encuentra.

 

Todos nos sentimos muy alagados de estar formando parte de la historia- de una gran historia- que ha escrito a lo largo de su vida nuestro doctor del Río.

Vida profesional que entrega hasta hoy y que los pacientes agradecen la oportunidad y privilegio de ser atendidos por una eminencia en la cardiología de este país.

Agradecemos la presencia y apoyo permanente de su familia, para los que también entregamos palabras de agradecimiento, orgullo y admiración al ver el amor a ellos de parte del doctor.

 

Sus alumnos que siempre lo han seguido, hoy los vemos esperando a las 7 de la mañana para devorarse juntos esos electrocardiogramas que los esperan, saben que han tenido la oportunidad y no la desperdiciaran dentro de su formación, de estar cerca y aprendiendo junto a un gran maestro.

Querido doctor, todo lo que digamos será poco, solo permítanos seguir queriéndolo, aprendiendo día a día como se lleva y siente ser un gran profesional y una bella persona como lo es usted.

 

Su paciente Charlotte

y e.u. Nancy Paz

19-12-2011

 

 

 

Dr. José Lattus O.

Editor Jefe

Santiago, febrero de 2018

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Dr. Rafael del Río de la Torre.